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Alergia alimentaria

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Alergia Digestivo

Síntomas principales

  • Habones o urticaria tras comer
  • Hinchazón de labios o párpados
  • Picor de boca y garganta
  • Vómitos o dolor abdominal
  • Dificultad respiratoria en reacciones graves

"Ese día comí lo mismo de siempre y me pasó algo raro"

Casi todos los pacientes llegan con la misma frase y la misma cara de duda. Han comido algo que llevaban comiendo toda la vida y, esta vez, les ha pasado algo: labios hinchados, ronchas, picor de garganta, un mareo. O llevan meses retirando alimentos por su cuenta sin acabar de saber cuál es el culpable.

En medio, un ruido enorme: listas de «alimentos prohibidos», tests de intolerancias de venta libre y consejos de todo el mundo. Y una pregunta que nadie ha respondido: ¿esto es alergia, o es que ese alimento me sienta mal?

No son lo mismo, y la diferencia lo cambia todo: el riesgo, las pruebas y el tratamiento.

¿Qué es la alergia alimentaria?

La alergia alimentaria es una reacción adversa a un alimento mediada por el sistema inmunitario, reproducible cada vez que se toma ese alimento. Esa es la clave: hay un mecanismo inmunológico detrás, no una digestión pesada.

Alergia frente a intolerancia: la confusión número uno

En la intolerancia no interviene el sistema inmunitario. El ejemplo clásico es la intolerancia a la lactosa: falta o escasea la lactasa, la enzima que digiere el azúcar de la leche, y la lactosa no absorbida llega al colon, donde las bacterias la fermentan produciendo gas y ácidos. De ahí los síntomas digestivos —hinchazón, retortijones, diarrea—, molestos pero no peligrosos para la vida.

Dos diferencias prácticas más:

  • La dosis. En la intolerancia suele haber un umbral: pequeñas cantidades se toleran y la dieta se ajusta a esa tolerancia. En la alergia mediada por IgE bastan cantidades mínimas para desencadenar una reacción.
  • El riesgo. Una intolerancia no produce anafilaxia; una alergia sí.

Dos aclaraciones: la celiaquía no es alergia ni intolerancia, sino una enfermedad autoinmune frente al gluten; y la mayoría de los «tests de intolerancias» ofrecidos fuera del ámbito médico carecen de validez diagnóstica.

Tipos de alergia alimentaria

  • Mediada por IgE. La más conocida. Los síntomas aparecen de forma inmediata, casi siempre en la primera hora tras la ingesta. Es la que puede causar anafilaxia.
  • No mediada por IgE. Reacciones diferidas, de horas o días y con predominio digestivo, como la proctocolitis alérgica o el síndrome de enterocolitis inducida por proteínas alimentarias (FPIES).
  • Mixta. Participan ambos mecanismos. El ejemplo más relevante es la esofagitis eosinofílica, otra enfermedad de inflamación tipo 2 que cursa con dificultad para tragar y atascos de comida en el esófago, y que se diagnostica mediante endoscopia con biopsias.

Todas comparten fondo con el resto de la patología Th2: la dermatitis atópica, la rinitis alérgica y el asma.

Cómo se manifiesta: síntomas

  • Cutáneos: urticaria, enrojecimiento, hinchazón de labios, párpados o lengua (angioedema), empeoramiento brusco de un eccema.
  • Orofaríngeos: picor o escozor en labios, lengua, paladar y garganta nada más morder el alimento.
  • Digestivos: náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea.
  • Respiratorios: congestión, estornudos, tos, ronquera, pitos, opresión en el pecho.
  • Cardiovasculares: mareo, palidez, sudoración fría, bajada de tensión.
  • Síntomas que no siempre se atribuyen al alimento: atascos de comida en el esófago, o reacciones que solo aparecen cuando la comida se acompaña de ejercicio, antiinflamatorios o alcohol.

Anafilaxia es la reacción alérgica grave, de inicio rápido, que afecta a dos o más sistemas —piel y respiración, por ejemplo— o cursa con caída de tensión. Es una urgencia médica y su tratamiento tiene nombre propio: adrenalina intramuscular, sin esperar.

Por qué aparece: causas y factores de riesgo

La alergia alimentaria aparece cuando el sistema inmunitario, en lugar de tolerar una proteína de la dieta, fabrica IgE frente a ella. La predisposición atópica familiar y una barrera cutánea alterada en los primeros meses de vida favorecen esa sensibilización: es la lógica de la marcha atópica, en la que la dermatitis atópica precoz precede a la alergia alimentaria y, más tarde, al asma.

Qué alimentos están más implicados

  • En niños: leche de vaca y huevo son los primeros protagonistas, seguidos de frutos secos, cacahuete, pescado y legumbres. Las alergias a leche y huevo suelen superarse con los años; las de frutos secos, cacahuete y pescado tienden a persistir.
  • En adultos: frutas de la familia del melocotón, frutos secos, marisco, pescado y legumbres. En el área mediterránea es especialmente frecuente la alergia a las proteínas transportadoras de lípidos (LTP) —como Pru p 3, del melocotón—, que puede provocar reacciones generalizadas.

Síndrome de alergia oral y reactividad cruzada con pólenes

Muchos pacientes con polinosis notan picor de boca, garganta y oídos al comer fruta fresca, verdura cruda o frutos secos, con síntomas que ceden en minutos. Es el síndrome de alergia oral: el sistema inmunitario reconoce en el alimento proteínas muy parecidas a las del polen al que ya está sensibilizado.

En Andalucía, con su elevada exposición a pólenes de gramíneas y olivo, es un motivo de consulta habitual. La proteína implicada condiciona el pronóstico: las profilinas suelen dar cuadros leves limitados a la boca y la sensibilización a LTP puede asociarse a reacciones sistémicas. Distinguirlas determina si puedes seguir comiendo ese alimento y si necesitas llevar adrenalina.

Cofactores: por qué unas veces sí y otras no

Un mismo alimento puede tolerarse muchas veces y provocar una reacción un día concreto. La explicación suele estar en los cofactores: ejercicio, antiinflamatorios, alcohol o infecciones. Por eso preguntamos qué estabas haciendo, no solo qué comiste.

Cómo la diagnosticamos en Clínica Thodos

La historia clínica es la prueba más importante. Ninguna analítica sustituye a una anamnesis bien hecha: qué alimento, en qué cantidad, cuánto tardaron en aparecer los síntomas, cuáles fueron, si hubo cofactores y si el alimento se ha tolerado después. Orienta qué buscar y cómo interpretar lo que encontremos.

Pruebas cutáneas (prick test). Rápidas, seguras y con resultado en 15-20 minutos, mediante micropunción superficial en el antebrazo. Cuando el alérgeno es una fruta, una verdura o un fruto seco recurrimos al prick-prick, pinchando el alimento fresco que trae el paciente: sus proteínas se degradan al fabricar los extractos comerciales. La IgE específica en sangre completa el estudio y sustituye a las pruebas cutáneas cuando estas no pueden realizarse: eccema extenso, dermografismo o imposibilidad de suspender antihistamínicos.

Diagnóstico molecular por componentes: el test ALEX 3. Aquí está el salto cualitativo. En lugar de decir solo «positivo a cacahuete», identifica a qué proteína concreta estás sensibilizado, y eso cambia el pronóstico: las guías europeas ya aconsejan apoyarse en componentes como Ara h 2 en el cacahuete, Cor a 14 en la avellana o Ana o 3 en el anacardo. Disponemos del test ALEX 3, analiza unos 300 alérgenos en una sola extracción, 218 de ellos moleculares, sin necesidad de suspender la medicación habitual: permite separar sensibilizaciones de riesgo de simples reactividades cruzadas, decidir qué hay que evitar de verdad y planificar la inmunoterapia.

Provocación oral controlada: el patrón de referencia. Cuando el diagnóstico no está claro, o para comprobar si se ha alcanzado la tolerancia, la prueba definitiva es administrar el alimento en dosis crecientes bajo supervisión médica, en un entorno preparado para tratar una reacción. Es también la vía para recuperar alimentos retirados sin motivo.

Y lo que no hacemos. Las guías europeas desaconsejan expresamente el uso aislado de la IgG e IgG4 frente a alimentos y otros tests sin validación —bioresonancia, análisis del cabello, kinesiología o pruebas de «intolerancias» de venta directa—: no diagnostican alergia y acaban en dietas restrictivas innecesarias.

Valoramos también la vía respiratoria, porque el asma mal controlada se asocia a reacciones alimentarias más graves. Ante síntomas respiratorios realizamos espirometría y medición de FENO, que estima la inflamación tipo 2 bronquial.

Tratamiento

Evitación, pero la justa. El primer tratamiento es no tomar el alimento implicado, con instrucciones concretas sobre alimentos relacionados y formas de preparación. Igual de importante es lo contrario: no retirar lo que no hace falta. Una dieta más restrictiva de lo necesario empobrece la alimentación y, en niños, puede afectar al crecimiento. Muchos alérgicos al huevo o la leche toleran esos alimentos horneados, y eso amplía mucho la dieta.

Plan de acción escrito. Todo paciente debe salir de la consulta con un documento que indique qué evitar, qué síntomas vigilar, qué medicación usar en cada escalón y a quién llamar, adaptado a su edad.

Adrenalina autoinyectable. Es el tratamiento de primera línea de la anafilaxia, por vía intramuscular en la cara externa del muslo. Ni los antihistamínicos ni los corticoides la sustituyen: actúan tarde y no revierten el compromiso respiratorio ni la caída de tensión. Se indica siempre tras una anafilaxia previa por alimentos, en asma inestable o moderada-grave asociada y en la mastocitosis sistémica; se valora ante reacciones con cantidades mínimas, en adolescentes o cuando el acceso a asistencia es difícil. Recomendamos llevar dos dispositivos y entrenar su uso.

Educación y apoyo nutricional: reconocimiento precoz de la reacción, manejo del autoinyector, lectura de etiquetas y valoración nutricional cuando la dieta se estrecha.

Inmunoterapia oral con alimentos (ITO): el tratamiento activo. Durante décadas la única opción fue evitar. Hoy existe un tratamiento que actúa sobre la enfermedad: la inmunoterapia oral con alimentos administra el alimento en dosis muy pequeñas y crecientes, bajo control médico, hasta una dosis diaria de mantenimiento. El objetivo es la desensibilización: elevar el umbral de reacción para que una ingesta accidental deje de ser un peligro y, en muchos casos, incorporar el alimento a la dieta. Las guías europeas la recomiendan en niños y adolescentes con alergia al cacahuete y la contemplan para leche y huevo cuando persiste. Requiere compromiso: toma diaria, precaución con los cofactores y seguimiento estrecho.

Revisión periódica. La alergia alimentaria no siempre es definitiva: muchos niños alérgicos a la leche o al huevo desarrollan tolerancia con los años, y comprobarlo exige reevaluar y, llegado el momento, una provocación controlada.

Convivir con la alergia alimentaria: qué está en tu mano

  • Aprende a leer etiquetas. El Reglamento (UE) 1169/2011 obliga a declarar 14 alérgenos y a destacarlos en la lista de ingredientes. Lee siempre, aunque sea un producto habitual: las fórmulas cambian.
  • «Puede contener trazas» no está regulado igual: es un aviso voluntario del fabricante, sin umbrales homologados, y tu alergólogo te ayudará a decidir qué margen de precaución necesitas.
  • Al comer fuera, pregunta y sé concreto. Los establecimientos están obligados a informar de los alérgenos, también en los platos no envasados. Menciona el alimento y el riesgo, no una preferencia. Informa también por escrito al colegio o al trabajo.
  • Lleva siempre la medicación contigo, revisa las caducidades y comprueba que quien te acompaña sabe usar el autoinyector.
  • Ante una reacción grave, adrenalina primero y 112 después.

Por qué tratarte en Clínica Thodos

  • Alergología especializada en patología Th2, con Pediatría, Nutrición y Aparato Digestivo en el mismo centro.
  • Diagnóstico molecular con test ALEX 3: unos 300 alérgenos en una extracción, 218 de ellos moleculares, para saber qué sensibilizaciones son de riesgo.
  • Inmunoterapia oral con alimentos, un tratamiento activo y no solo una lista de prohibiciones.
  • Valoración de la vía respiratoria con espirometría y FENO, porque el control del asma influye en la gravedad de las reacciones.
  • Plan de acción escrito y entrenamiento del autoinyector.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si es alergia o intolerancia?

Por el mecanismo y por la forma de presentarse. La alergia mediada por IgE aparece rápido, suele dar síntomas más allá del aparato digestivo —piel, respiración— y basta con cantidades mínimas. La intolerancia da síntomas digestivos, depende de la cantidad y no produce anafilaxia. Se confirma en consulta, no con un test comprado por internet.

Me pica la boca cuando como fruta, ¿es grave?

Suele corresponder a un síndrome de alergia oral por reactividad cruzada con pólenes y en la mayoría de los casos es leve. Conviene estudiarlo: según la proteína implicada el pronóstico cambia mucho, y la sensibilización a LTP puede asociarse a reacciones generalizadas.

¿Puedo dejar de llevar el autoinyector si hace años que no me pasa nada?

Es una decisión médica, nunca unilateral. La indicación se revisa teniendo en cuenta la reacción inicial, el alimento, el control del asma y el estudio. Mientras siga vigente, el dispositivo va contigo.

¿La alergia alimentaria se cura?

Muchas alergias infantiles a la leche y al huevo se superan de forma natural con los años; las de frutos secos, cacahuete o marisco tienden a persistir. En esos casos la inmunoterapia oral no promete curación, pero puede elevar el umbral de reacción y reducir el riesgo de una ingesta accidental.

¿Sirve el test ALEX si ya me han hecho pruebas cutáneas?

Son complementarios: las pruebas cutáneas detectan sensibilización frente al alimento completo y el ALEX identifica las moléculas implicadas. Es especialmente útil en polisensibilizados, en reacciones graves y cuando los resultados previos son dudosos.

¿Los atascos de comida en el esófago tienen que ver con la alergia?

Pueden tenerlo. La esofagitis eosinofílica es una enfermedad de inflamación tipo 2 que provoca dificultad para tragar y atascos alimentarios; se estudia entre Alergología y Aparato Digestivo, con endoscopia y biopsias.

¿Cuánto cuesta el estudio de alergia alimentaria en Granada?

Consúltanos la tarifa actualizada de la consulta de Alergología y de las pruebas —prick test, IgE específica, test ALEX 3 o provocación oral—. Te informamos sin compromiso.

Referencias científicas

EAACI Guidelines on Food Allergy

Contenido revisado por Dra. Isabel Fernández de Alba — Fecha de revisión: 3 de septiembre de 2026 · Próxima revisión: marzo de 2028

Este contenido tiene fines informativos y no sustituye una consulta médica.

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